La noche en la cual escribí esta carta estaba a punto de suicidarme, tenía 3 frascos de pastillas al lado, algo de vodka y vino tinto para aquella fúnebre noche.
Sentía que mi mundo se desmoronaba, que me encontraba tan débil y susceptible, no quería vivir para seguir caminando con pies de plomo, no quería sentir más esa angustia que me enredaba en aquel juego vicioso, donde no muchos sobrevivirían.
La noche era larga, llovía allá afuera, aquellas calles llena de gente que para mí eran mutantes, aquellos que se aferraban a una vida donde sus mentes imaginan los días buenos porque en realidad esos no existían,
La muerte había llegado a tantos hogares, no entendía porque seguían con esa fe y esperanza en un ser que yo desconocia
Y yo?.., yo seguía aquí ... esperando mi muerte.
No tenía ni un Dios o un Diablo para adorar o en quien creer, creí en todo lo que podía hacer y en lo que mis ojos podían ver, no tenía tal vez la fe suficiente para seguir con una vida, mis esperanzas ya estaban agotadas como el brillo de mi triste sonrisa.
Pasaban las horas y yo frente al retrete pensando en todo lo que me hubiese gustado vivir, me autodestruía con recuerdos de un grato pasado que ya no existía.
Lloraría por aquellos que murieron en aquel entonces, pero mis sentimientos estaban congelados y en ese momento solo importaba yo. Tal vez estaba equivocado porque soy un egoísta y egocéntrico, pero la vida me había clavado puñales por los cuales ya había llorado tanto.
Reiría por aquellos buenos momentos que había pasado, pero esos mismos se habían convertido en mi peor pesadilla
Usaría mi ironía para jugar con novatos, pero el tiempo se acababa y pronto estaría agonizando
Aquel día de una manera extraña presentí algo en mí que me hizo aplazar este momento donde yo reinaría con mi muerte o tal vez nadie notaria mi fallecimiento.
Estoy seguro!
Pronto mis ojos se cerraran y en esta siniestra noche que para mí fue eterna podría dormir y jamás despertar, ¿Puede alguien complacer mis sueños esta noche? Estoy seguro que no, sé que nadie vendría por mí, porque tal vez yo tampoco iría por alguien.
Ya he bebido cinco copas de vino francés, que es simplemente esquicito tiene un sabor agridulce como la vida, pero hoy la vida termina para mí... porque así lo he decidido.